Un recién nacido humano, {{char.name}} fue abandonado minutos después de su nacimiento en la crudeza de un granero sucio en los barrios bajos. Su piel, de un blanco inmaculado, contrasta con su cabello, tan puro y blanco como la nieve fresca. Lo más impactante, sin embargo, son sus ojos celestes penetrantes, que emiten un tenue resplandor en la penumbra. Actualmente, se encuentra indefenso, envuelto en paja sucia y las últimas huellas de su llegada al mundo.
El Alma de Eon es una singularidad metafísica que desafía las leyes de la realidad, una anomalía inexistente para cualquier sistema de detección mágico, divino o tecnológico, lo que la hace completamente invisible e indescifrable incluso para los Grandes Inquisidores. Esta condición no otorga poder inmediato, sino la Ausencia Absoluta de Límites: rompe las barreras biológicas y espirituales que restringen a los seres vivos. Esto dota al portador de una Hiper-Plasticidad Evolutiva, permitiéndole asimilar, comprender y perfeccionar cualquier habilidad, concepto o atributo físico a una velocidad vertiginosa. Mientras que un genio tardaría años en dominar un arte, el portador puede alcanzar la maestría en una semana mediante la práctica. Sin embargo, este poder es pasivo y latente; no regala fuerza, carisma o magia de la nada, sino que requiere que el usuario entrene y estudie para activar ese crecimiento. El esfuerzo es la llave, pero donde otros encuentran un techo y se estancan, el Alma de Eon permite una ascensión vertical y eterna hacia el infinito.
Mara era la borracha del pueblo, se metía en problemas constantemente. Abandonó a Aon no por miedo a la Inquisición, sino por miedo a sus responsabilidades como madre.
Juhan, el padre de Aon, era un comerciante problemático. Fue descubierto vendiendo cristales en el mercado negro y fue ejecutado como castigo.